Y de pronto vuelves a tener el mismo sentimiento, hueles los mismos olores, ves las mismas cosas y escuchas lo que solías escuchar... Sin embargo, justo en ese instante aparecen los demonios que te susurran al oído y te hacen estar seguro que nada volverá a ser igual, que todo ha cambiado, que ahora te encuentras en medio de distintas responsabilidades y otros momentos llegan con nuevos enfoques, otros pensamientos y otros sentimientos, las personas ya no son las mismas, no puedes seguir pensando como niño y cambias... Para mal o para bien, pero siempre llega ese momento en el que cambias y anhelas volver a observar las cosas a la altura de como lo hacías cuando eras pequeño... Te das cuenta, en un abrir y cerrar de ojos, que esos días no volverán jamás.
Que difícil se vuelve la vida cuando tienes tantas cosas que decir pero ninguna sale de tu boca ni con las mejores ni peores palabras. Es como ir cayendo en una espiral que no tiene escapatoria ni final. Escribir me ayuda a desahogarme, y siempre lo he dicho y voy a agradecer que pueda hacerlo... dibujar, ni se diga, es como irme a otro mundo mientras hago lo que más me gusta. Pero mi realidad se basa en una serie de situaciones que a nadie le gustaría vivir, y, bueno, cada quien lucha contra sus propios demonios, lo sé, sin embargo, también estoy consciente de que aunque no todos vivimos lo mismo cada quien se cansa a su manera. Y justamente ahorita, no me puedo concentrar, y las palabras no están fluyendo... lo único que siento es que me siento atrapada, triste y sin ánimos de hacer nada.
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